![]() |
Demostrando la manera de tu escape
|
Hoy vamos a examinar la voluntad que compartes con Dios. Dicha voluntad no es lo mismo que los vanos deseos del ego, de los cuales emanan las tinieblas y la nada. La voluntad que compartes con Dios encierra dentro de sí todo el poder de la creación. Los vanos deseos del ego no se pueden compartir y, por lo tanto, no tienen poder alguno. Sus deseos no son infructuosos en el sentido de que pueden dar lugar a un mundo de ilusiones en el cual puedes llegar a creer ciegamente. Desde el punto de vista de la creación, no obstante, son ciertamente infructuosos, pues no dan lugar a nada que sea real.
Aunque no sea capaz de expresarlo plenamente, Kierkegaard se opo ne vehe men temen te a He gel, p orque in tuye qu e l a autenticidad de la consciencia del ser de Hegel (existencialismo) se disipa inevitablemente en anarquía dual, como una alternativa falsa a la realidad de la anarquía singular que es el Hombre y Dios (existencialismo trascendental).
Giordano Bruno no tiene ese problema con los peripatéticos Aristotélicos.