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Demostrando la manera de tu escape
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Padre, hoy es el día en que me libero porque mi voluntad es la Tuya. Pensé hacer otra voluntad. Sin embargo, nada de lo que pensé aparte de Ti existe. Y soy libre porque estaba equivocado y las ilusiones que abrigaba no afectaron en modo alguno mi realidad. Ahora renuncio a ellas y las pongo a los pies de la verdad, a fin de que sean para siempre borradas de mi mente. Este es el instante santo de mi liberación. Padre, sé que mi voluntad es una con la Tuya.
Y de esta manera, nos encontramos felizmente de vuelta en el Cielo, del cual realmente jamás nos ausentamos. En este día el Hijo de Dios abandona sus sueños. En este día el Hijo de Dios regresa de nuevo a su hogar, liberado del pecado y revestido de santidad, habiéndosele restituido finalmente su mente recta.
A un maestro recién despierto siempre le resulta inicialmente sorprendente descubrir que su manera de pensar ha experimentado una transformación radical.
Su previa estructura limitada de consciencia, en última instancia, no tuvo nada que ver con el exposé total. Se encuentra desnudo con su propia certeza. Ha perdido la capacidad de comparar de manera específica. La integridad de su pensamiento, inevitablemente, provoca que el razonamiento objetivo de la consciencia limitada le parezca absurdo.
Es arrojado a la posición de reconocer que su antiguo sistema de valores basado en conclusiones específicas a las que llegaba mediante la comparación y el análisis, no tiene validez, ni tampoco realidad. Se encuentra en un lugar ilógico e irrazonable. Ahora debe afrontar su absoluta e indiscutible certeza que el mundo construido de manera objetiva no tiene absolutamente ningún sentido, excepto la necesidad de provocar la revelación que establece su propia consciencia trascendida.