Existe un alma aventurera en el Carnegie-Mellon intentando descubrir lo que se denominaría un proceso de pensamiento científico. Esto es un buen ejemplo de pensamiento invertido y al revés. Le suministra a un computador los mismos datos conceptuales que utilizó el astrónomo Kepler para formular la tercera ley del movimiento planetario. Cuando el computador saca la misma conclusión que Kepler, él declara que ha descubierto algo. ¡Qué insensatez! Si le das al mismo computador los ingredientes de una lata de "Chef Boyardee" descubrirá la salsa de espaguetis. El fallo fundamental de esta aventura de razonamiento fragmentado es la noción que si se expresa cualquier idea, cosa real o íntegra de forma objetiva, ésta se convierte en la suma de sus partes que, en retrospectiva, le dio su realidad aparente. Todos los llamados descubrimientos científicos verdaderos en realidad son creaciones. Son demostraciones dramáticas de la capacidad innata de la mente de ensamblar conceptos previamente disociados en una relación completamente nueva e inevitablemente más unificada. No solamente es nueva, sino que cambia también los conceptos de sus partes. El descubridor expresa una manera de pensamiento de mente íntegra, o más bien, reconoce que en el tiempo, ésta conducirá sin duda a un exposé de una singularidad de conciencia totalmente presunta a priori. Le garantizamos totalmente al caballero que su computador o cualquier otro mecanismo de objetividad no es más que una proyección de su propia identidad. Su sentido de realidad se basa en eso. Y le dirá o mostrará finalmente exactamente lo que quiere o no quiere oír, verificando así esa realidad. Tanto aspaviento sobre la inventiva científica, pero cuán noble el empeño. He aquí el dilema inevitable: cuando lo vemos de manera específica, prácticamente toda conciencia en la tierra, aunque en estado de maduración o evolución constante es, no obstante, una retrospectiva. Su aparente realidad en el espacio-tiempo está establecida sobre la conclusión ilógica que la causa y el efecto son particularmente secuenciales o más bien, secuenciales en absoluto. La afirmación o asunción de las ideas objetivas u ocurrencias que ocasionaron el descubrimiento de la tercera ley del movimiento planetario no es más lógica que la idea que expresa que la ley del movimiento planetario fue el que engendró las ideas de los datos y ocurrencias que aparentemente lo ocasionaron.
Era temprano en una mañana primaveral en los suburbios de Praga. Era el año 1608 y el Matemático del Imperio estaba cansado y desanimado. Había pasado toda la noche fuera, observando al Vagabundo Rojo en el cielo, y no le entusiasmaba regresar a casa donde le esperaba una esposa melancólica y el acoso de los acreedores. La primera luz apareció y un día nuevo despuntaba cuando empezaba a caer una gentil lluvia de Abril. Alzó su cara y dejó que el suave repiqueteo saludara sus ojos enrojecidos; después buscó amparo bajo el techo de un establo abandonado cerca de ahí. “Hay un manera de medir el orden de Dios” reflexionaba sentándose sobre el heno. “Afuera no es diferente que aquí. Estoy seguro”. Levantó la mirada cuando un repentino rayo de luz solar explotó en el horizonte y brilló a través de un agujero en el techo, bañando el cuarto con un resplandor dorado. Allí, entre dos vigas, reluciendo intensamente por las gotas de agua, resplandecía una telaraña finamente tejida. Por un momento eterno la miró con intensidad – y luego “Eso es”, exclamó emocionado. “Por supuesto, es eso.” Poniéndose de pie rápidamente se dirigió a la ciudad para consignar por escrito sus nuevos descubrimientos y pacificar de la mejor forma posible los reclamos de los recaudadores de impuestos.
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